Medias Verdades

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Prejuicios

Junio 1, 2008 · 5 comentarios

No sé me da muy bien eso de inventarme historias, por eso voy a contar un hecho real que me ocurrió la semana pasada en una hamburguesería de la zona centro de A Coruña.

Eran aproximadamente las 10 de la noche, la hamburguesería -un sitio bastante pequeño- estaba abarrotada de gente, como suele ser lo habitual en ese local. Las mesas estaban ocupadas por parejas jóvenes o familias. Apenas se cabía. El olor a hamburguesa y a patatas fritas inundaba la calle y los viandantes atraídos por el olor a frito, entraban en el local para encargar su cena y llevarla a casa.

De las ocho mesas que había, cuatro de ellas estaban ocupadas por inmigrantes -en su mayoría latinoamericanos- que pasaban una tranquila velada. Después de pedir la cena, mi acompañante y yo, oímos unos gritos que venían de la mesa de atrás. Una señora gritaba: “Mi bolso me lo han robado, mi bolso, mi bolso”.  Casualmente una inmigrante -negra y bastante gruesa- se había levantado y pasado al lado de la señora, poco antes de que gritara y realizara aspavientos. El bolso no lo encontraba porque lo tenía su amiga en la silla, lo habían cambiado de sitio al principio de la cena y la señora que gritaba no se acordaba.

La inmigrante brasileña sintió el rechazo, probablemente no era la primera vez que le pasaba algo así. Le clavó la mirada durante un largo tiempo. La señora, después de que su amiga la tranquilizara y le enseñara el bolso se encaró con la inmigrante. Se cruzaron las miradas. La señora intentó justificarse, al tiempo que la inmigrante le explicó en un mal hablado castellano: “Señora, soy inmigrante máis non son unha ladrona”.

La señora esgrimió vacilante un “perdón” pero de nada sirvió. El espectáculo ya lo había montado y todo el local, con un (vergonzoso) silencio había sido testigo del acto. La inmigrante se marchó, ofendida, discriminada y clavando -de nuevo- la mirada a su acusadora.

Tan pronto como salió por la puerta, el bar tardó unos segundos en volver a la normalidad. Las acompañantes de la señora avergonzadas le recriminaron su reproche, al tiempo que la señora seguía justificándose. A mí se me atragantó la hamburguesa.

 

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