Después de haber leído Firmin de Sam Savage (2007) no podré ver a las ratas de igual modo. Os reto a leer las primeras páginas de la novela e intentar no seguir avanzando en la lectura, que si bien es breve, logra captar la expectación del lector.
Firmin es una rata de alcantarilla avergonzada de su condición de roedor. Sus coqueteos con la literatura comenzaron cuando siendo todavía un bebé y bebiendo la leche de su madre, una rata alcohólica, deboraba las hojas de los grandes títulos de la literatura universal. Agazapado en los sótanos de una librería de Boston se convirtió en una rata culta que despreciaba su cochina naturaleza y soñaba con las historias que leía, al tiempo que admiraba el mundo de los humanos.
A Firmin lo conocí a través del blog Farrapos de gaita (altamente adictivo).
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El gran Kapuscinski vivió sus años de reportero en África como uno más. Pudo haber aprovechado su condición de europeo para vivir con algún tipo de comodidades, pero preferió habitar en los lugares comunes y dormitar en los arrabales más pobres plagados de enormes cucarachas y un aplastante calor. Pese a que enfermó de malaria cerebral, Ébano, es una gran obra en la que Kapuscinski deja patente su deseo por enseñarle al mundo occidental qué ocurre en África, sus guerras, sus revoluciones y sus historias humanas.
“He vivido unos cuantos años en África. Fui allí por primera vez en 1957. Luego, a lo largo de cuarenta años, he vuelto cada vez que se presentaba la ocasión. Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario: prefería subirme a camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical. Su vida es un martirio, un tormento que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombrosos.
De manera que este no es un libro sobre África, sino sobre algunas personas de allí, sobre mis encuentros con ellas y el tiempo que pasamos juntos. Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Solo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos ‘África’. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe”.
Ébano,
Ryszard Kapúscinski
Crónicas Anagrama
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