Medias Verdades

Entradas de Noviembre 2008

La revolución

Noviembre 22, 2008 · 2 comentarios

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver. Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable. Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista. La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.

Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedo más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio. Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.

Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese «cierto tiempo». Para ser breve, el armario en medio también dejo de parecerme algo nuevo y extraordinario.

Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.

Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna. Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez «cierto tiempo» también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio —es decir, el cambio seguía siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.

De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama. Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba. Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

El texto es del polaco Sławomir Mrożek, cogido del blog de Rober Bodegas.

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Las invasiones bárbaras

Noviembre 15, 2008 · 1 comentario

No la había visto, pero había oído hablar mucho de ella. Por fin me decidí a verla cuando el deuvedé de la película cayó en mis manos como por puro azar. Pero, hablando en plata, Las invasiones bárbaras, de Denys Arcand, me ha parecido un auténtico coñazo.

Todavía no logro entender el por qué del título, sí es verdad que en la película se habla mucho de las invasiones bárbaras y hay continúas referencias a EE.UU, concretamente y según dice la sinopsis del filme, “al declive del impero americano”. Pero con invasiones bárbaras no sé a qué se refiere.

Sorprendentemente para mí, ha sido bastante reconocida internacionalmente -ganó un Oscar en 2004 a la mejor Película Extranjera- y aunque este tipo de galardones algunas veces no signifiquen mucho, es verdad que yo me dejé arrastrar por este reconocimiento. 

Asimilando el fondo de la película, en Las invasiones bárbaras hay en el guión algunos puntos de humor buenos y este diálogo producido entre el protagonista Rémy (Rémy Girard) enfermo terminal y Natalie (adicta a las drogas que le suministra heroína para aliviar su dolor). Comienza hablando Rémy:

-No te importa mucho la vida.

-No mucho no.

-A mí tp a tu edad. Me daba igual morir cuando fuera. Por eso los jóvenes son los mejores mártires. Al envejecer, uno se aferra más a la vida. Empiezas a restar, me quedan 20 años, 15, 10.. Cuando se sabe que será la última vez. Me compro el último coche, será la última vez que vea Génova, Barcelona.

-No llegaré hasta allí.

-¿Cómo lo sabes?

-Las sobredosis son muy frecuentes.

-No puedes saberlo. Quizá lo dejes y llegues a ser muy vieja. No entendemos el pasado, el futuro menos aún. Nadie sabe lo que le pasará. Excepto yo ahora. Lo sé.

-¿le da miedo?

-Mucho. No quiero dejar esta vida, no sabes cómo me gustó vivir.

-¿Qué le gustaba tanto?

-Todo. El libro, el vino, la música. Las mujeres, sobre todo las mujeres. Su voz, la boca, la suavidad de su piel.

-¿Conoció a muchas?

-Sí, a bastantes.

-A la larga, ¿no acaban pareciéndose?

-Un poco sí, pero nunca me cansaron.

-¿Sigue teniendo éxito?

-No, no. Ya no, con la edad todo cambia.

-¿Sigue bebiendo vino?

-No, por desgracia el hígado no me lo permite.

-Los viajes que quería hacer, ¿los hizo?

-Ahora hay turistas por todas partes.

-No le cuesta dejar su vida de ahora, sino la de antes. Esa vida ya ha muerto.

-Quizá.

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Resurrección

Noviembre 12, 2008 · 1 comentario

Tarde de médicos y yo resucito al blog. La verdad es que aprovecho que hoy he ido a que pasaran revista a mi maquinaria (todo ok, menos mal) para revitalizar a mi muerto y retrotaído blog.

Todavía no soy capaz de explicar el por qué del silencio de estos meses de verano (y algo más), pero mi blog a diferencia de la red que crece y crece se ha quedado mudo, sin noticias o anécdotas que contar… y no será por falta de ellas.

Me he propuesto volver a darle vida y voz, a ver si lo cumplo. Aprovecho esta entrada, para presentar a un nuevo bloguero que se ha sumado a este océano Sólo mojo los pies. Tiene muy buena pinta y buenas intenciones, seguro que no defrauda.

Desde aquí un saludo. Bienvenido!

 

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