Hai amores que nunca se abandonan. Amores embalsamados. Volven e revolven, como as cegoñas ou o salmón vogando río arriba. Hai amores que deixan marca na pel, como unha tatuaxe que escribes nos adentros para escapar da morte ou da tristeza. «Envuélveme con tu luz para que la muerte no me vea», escribiulle Juan Ramón á súa Zenobia. O tipo da barra afirmaba que hai amores que persisten. Embalsamados. Despois engadiu que estaba equivocado. Só un amor regresa, e regresan sempre os mesmos ollos e a mesma boca. Escoitábase música con maquillaxe de romanticismo fofo. A xente mirábase, incomunicada polas copas e a ambición da pel, que nunca se equivoca: cálida e lúbrica. Ardor, aire acondicionado no corazón, un río de individuos na rúa procurando a felicidade. Pero a felicidade está sempre no pasado: os mesmos ollos, a mesma boca. Invitoume a pasar con el o resto da velada. Eu díxenlle que marcharía antes de que saíse o sol. Deben ser os anos. Antes sentaba nos bancos dos parques agardando o amencer. Agora xa non o soporto. O brillo cégame. O chocolate con churros rasga a miña alma, ácido. El prometeu que marcharía antes ca min. Contoume que ela sufría o mal perverso dos celos. El, tamén. Un día dixo que o vira acariñando a perna dunha muller. E dixo que lle valía calquera, que lle daba pena, que nunca cambiaría («de falda en falda»). El xurou que era mentira. Despois dixo que ela estaba con este, con aquel. Deixaron de falarse. Cruzáronse outra noite. El fíxolle dúas preguntas. ¿Amas a outro? (1). ¿Quéresme aínda como eu te quero a ti? (2). Ela respondeu non (1), si (2). O meu contertulio calou. Eu pensei que seguiría a historia e preguntei: «¿Nada máis?». Contestou: «Non, nada máis». Timbrou o seu móbil. Marchou. Mentres camiñaba miroume só para dicir: hai amores que nunca se abandonan. Entendín a mensaxe e contestei: os mesmos ollos, a mesma boca. Feliz.
Columna de Xosé Carlos Caneiro, publicada en La Voz de Galicia el 11 de agosto de 2009.
En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver. Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable. Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista. La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.
Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedo más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio. Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese «cierto tiempo». Para ser breve, el armario en medio también dejo de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna. Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez «cierto tiempo» también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio —es decir, el cambio seguía siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama. Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba. Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.
El texto es del polaco Sławomir Mrożek, cogido del blog de Rober Bodegas.
Tarde de médicos y yo resucito al blog. La verdad es que aprovecho que hoy he ido a que pasaran revista a mi maquinaria (todo ok, menos mal) para revitalizar a mi muerto y retrotaído blog.
Todavía no soy capaz de explicar el por qué del silencio de estos meses de verano (y algo más), pero mi blog a diferencia de la red que crece y crece se ha quedado mudo, sin noticias o anécdotas que contar… y no será por falta de ellas.
Me he propuesto volver a darle vida y voz, a ver si lo cumplo. Aprovecho esta entrada, para presentar a un nuevo bloguero que se ha sumado a este océano Sólo mojo los pies. Tiene muy buena pinta y buenas intenciones, seguro que no defrauda.
El gran Kapuscinski vivió sus años de reportero en África como uno más. Pudo haber aprovechado su condición de europeo para vivir con algún tipo de comodidades, pero preferió habitar en los lugares comunes y dormitar en los arrabales más pobres plagados de enormes cucarachas y un aplastante calor. Pese a que enfermó de malaria cerebral, Ébano, es una gran obra en la que Kapuscinski deja patente su deseo por enseñarle al mundo occidental qué ocurre en África, sus guerras, sus revoluciones y sus historias humanas.
“He vivido unos cuantos años en África. Fui allí por primera vez en 1957. Luego, a lo largo de cuarenta años, he vuelto cada vez que se presentaba la ocasión. Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario: prefería subirme a camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical. Su vida es un martirio, un tormento que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombrosos.
De manera que este no es un libro sobre África, sino sobre algunas personas de allí, sobre mis encuentros con ellas y el tiempo que pasamos juntos. Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Solo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos ‘África’. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe”.
No sé me da muy bien eso de inventarme historias, por eso voy a contar un hecho real que me ocurrió la semana pasada en una hamburguesería de la zona centro de A Coruña.
Eran aproximadamente las 10 de la noche, la hamburguesería -un sitio bastante pequeño- estaba abarrotada de gente, como suele ser lo habitual en ese local. Las mesas estaban ocupadas por parejas jóvenes o familias. Apenas se cabía. El olor a hamburguesa y a patatas fritas inundaba la calle y los viandantes atraídos por el olor a frito, entraban en el local para encargar su cena y llevarla a casa.
De las ocho mesas que había, cuatro de ellas estaban ocupadas por inmigrantes -en su mayoría latinoamericanos- que pasaban una tranquila velada. Después de pedir la cena, mi acompañante y yo, oímos unos gritos que venían de la mesa de atrás. Una señora gritaba: “Mi bolso me lo han robado, mi bolso, mi bolso”. Casualmente una inmigrante -negra y bastante gruesa- se había levantado y pasado al lado de la señora, poco antes de que gritara y realizara aspavientos. El bolso no lo encontraba porque lo tenía su amiga en la silla, lo habían cambiado de sitio al principio de la cena y la señora que gritaba no se acordaba.
La inmigrante brasileña sintió el rechazo, probablemente no era la primera vez que le pasaba algo así. Le clavó la mirada durante un largo tiempo. La señora, después de que su amiga la tranquilizara y le enseñara el bolso se encaró con la inmigrante. Se cruzaron las miradas. La señora intentó justificarse, al tiempo que la inmigrante le explicó en un mal hablado castellano: “Señora, soy inmigrante máis non son unha ladrona”.
La señora esgrimió vacilante un “perdón” pero de nada sirvió. El espectáculo ya lo había montado y todo el local, con un (vergonzoso) silencio había sido testigo del acto. La inmigrante se marchó, ofendida, discriminada y clavando -de nuevo- la mirada a su acusadora.
Tan pronto como salió por la puerta, el bar tardó unos segundos en volver a la normalidad. Las acompañantes de la señora avergonzadas le recriminaron su reproche, al tiempo que la señora seguía justificándose. A mí se me atragantó la hamburguesa.
Hoxe é o Días das Letras e como boa galega vou escribir o post nesta lingua. Síntoo polos que non sodes galegos pero creo que enténdese bastante ben e non creo que haxa ningún problema. O pobo galego dedícalle o día a Xosé María Álvarez Blázquez (Tui, 1915-Vigo, 1985) un escritor, arqueólogo, investigador e editor galeguista que pertenece a unha longa saga de escritores. Blázquez destaca entre outras cousas por fundar varias editoriais: Editorial Monterrey e as Edicións Castrelos (cos seus irmáns) no que destacan as coleccións de O Moucho, os libros do pobo para o pobo.
Hoxe tamén celébrase o Día de Internet e o Día Mundial das Telecomunicacións. Galicia rompeu a brecha que tiña no 2005 sendo unha das comunidades máis deficitarias no sistema de conexión coa Rede. Sen embargo, esa brecha cicatrizou e as iniciativas da Administración por dotar a comunidade cun servizo de información adecuado fan que Galicia se sume ao resto das comunidades en conexión a Internet.
Chema, el mítico panadero de “Barrio Sésamo” murió el pasado jueves. Un cáncer lo ha arrebatado de las dulces púas de su mujer, Espinete. Con el fallecimiento del actor se ha ido una parte de la generación de los 80 y de las meriendas de las 6 de la tarde de después del cole.
Para rendirle homenaje solo quedar cantarle el “laaaa-la-la-la-la-lá” (y no me refiero a la canción de Masiel).
Hoy va por John Balan. Conocido como el western de Pontevedra, el hombre orquesta o el hombre puerta; este polifacético gallego nació artista y la magia del espectáculo le atrapó de por vida. Vivía un auténtico sono americano, vestido como un cowboy por las rúas de Galicia y viajando con su espectáculo. Llegó a hacer su sueño realidad viajando a Nueva York, cantando country y sobrevolando los rascacielos neoyorkinos.
Autor de frases como: “Un hombre pobre y sin dinero es un bulto sospechoso”. Sin casi saber ni leer ni escribir, aprendió a hablar inglés (sin entenderlo), con un acento auténticamente americano. Balan recreaba las películas del oeste, imitaba el sonido de la trompeta, hacía música golpeando sus nudillos contra la puerta e imitaba el sonido del claxon y de los frenos del coche. Una buena parte de periodistas, presentadores, músicos y escritores de todo el panorama nacional le recuerdan y le rinden homenaje (la TVG hoy emitió un reportaje sobre su vida).
Balan murió el 18 de marzo de 2008. La recta final de su vida la pasó en una residencia para ancianos.
Hay una balada sobre John Balan pero no la encuentro. Os dejo con uno de sus espectáculos, espero que lo disfrutéis.
Recuerdo que el 11-M de hace cuatro años yo iba a festejar las fiestas de mi facultad. Estaba preparando la mochila para ir con mis amigos a comer al río cuando saltó la noticia. Yo estaba en Salamanca y esto sucedió en Madrid. La confusión pronto se apoderó de mí por las mentiras y la conspiración del gobierno de turno.
También recuerdo a Acebes diciendo que había sido ETA y llamando “miserables” a todos los que pensaban lo contrario, que éramos unos cuantos.
Quiero recordar a los dos compañeros de facultad que murieron en el atentado y al centenar de (casi doscientas) víctimas.
La gala se prepara con normalidad, pese a lo que se pensaba hace unos meses por la huelga de guionistas. De los candidatos al oscar, el actor Javier Bardem se cuela entre los favoritos como mejor actor de reparto por su papel en “No country for old men”.
Los Oscar respiran, y sin una huelga de guionistas de por medio -ya resuelta-, pueden preparar con calma la gran fiesta de los oscar de este año. Los ánimos estaban candentes al haberse cancelado los Globos de Oro. Por su parte, el representante español -el actor Javier Bardem-, presentía cómo iba a perder una de sus oportunidades de recoger por primera vez el premio. Con todo el problema resuelto, se podrá ver como cada año una emocionante gala de los Oscar con Bardem como uno de los candidatos a mejor actor de reparto.