Prejuicios

No sé me da muy bien eso de inventarme historias, por eso voy a contar un hecho real que me ocurrió la semana pasada en una hamburguesería de la zona centro de A Coruña.

Eran aproximadamente las 10 de la noche, la hamburguesería -un sitio bastante pequeño- estaba abarrotada de gente, como suele ser lo habitual en ese local. Las mesas estaban ocupadas por parejas jóvenes o familias. Apenas se cabía. El olor a hamburguesa y a patatas fritas inundaba la calle y los viandantes atraídos por el olor a frito, entraban en el local para encargar su cena y llevarla a casa.

De las ocho mesas que había, cuatro de ellas estaban ocupadas por inmigrantes -en su mayoría latinoamericanos- que pasaban una tranquila velada. Después de pedir la cena, mi acompañante y yo, oímos unos gritos que venían de la mesa de atrás. Una señora gritaba: “Mi bolso me lo han robado, mi bolso, mi bolso”.  Casualmente una inmigrante -negra y bastante gruesa- se había levantado y pasado al lado de la señora, poco antes de que gritara y realizara aspavientos. El bolso no lo encontraba porque lo tenía su amiga en la silla, lo habían cambiado de sitio al principio de la cena y la señora que gritaba no se acordaba.

La inmigrante brasileña sintió el rechazo, probablemente no era la primera vez que le pasaba algo así. Le clavó la mirada durante un largo tiempo. La señora, después de que su amiga la tranquilizara y le enseñara el bolso se encaró con la inmigrante. Se cruzaron las miradas. La señora intentó justificarse, al tiempo que la inmigrante le explicó en un mal hablado castellano: “Señora, soy inmigrante máis non son unha ladrona”.

La señora esgrimió vacilante un “perdón” pero de nada sirvió. El espectáculo ya lo había montado y todo el local, con un (vergonzoso) silencio había sido testigo del acto. La inmigrante se marchó, ofendida, discriminada y clavando -de nuevo- la mirada a su acusadora.

Tan pronto como salió por la puerta, el bar tardó unos segundos en volver a la normalidad. Las acompañantes de la señora avergonzadas le recriminaron su reproche, al tiempo que la señora seguía justificándose. A mí se me atragantó la hamburguesa.

 

Anuncios

5 comentarios en “Prejuicios”

  1. Así me gusta Sabe ¡La periodista justiciera!, deberían darte una sección con ese título en La Voz.

    Muy bueno el artículo, has hecho que se me atragante la hamburguesa que me estaba imaginando.

    Un beso.

  2. Hay un enorme problema de diálogo social en el asunto de los inmigrantes. Vivo en una zona de Madrid en la que en los últimos cinco años el choque cultural con la población sudamericana ha sido brutal. Todos los tópicos se cumplen en la convivencia entre ambos polos de la población en mi barrio, y ambas partes apenas se relacionan, se importan un huevo los unos a los otros absolutamente. Los rancios habitantes autóctonos sienten rechazo por estos trabajadores de todo a cien, que son utilizados como mano de obra no barata, sino basura simple y llanamente. A ésto se une el comportamiento intolerable en muchos casos de una parte importante del colectivo inmigrante procedente de Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia. Su cultura del “sobrevive a cualquier precio” no les deja pensar un minuto en que hacer lo que te da la gana las veinticuatro horas del día lleva a una difícil convivencia. Aunque, por una parte, siempre he odiado a esa insoportable parte de intolerantes con todo que siempre han habitado estas calles, no puedo dejar sin embargo de detestar a un colectivo que se pasa por el forro de sus partes todo lo habido y por haber. Cuando habitan en un piso al lado tuyo la has cagado por la absoluta ignorancia que practican hacia el que habita al lado, y os puedo asegurar que la llamada Latin Mafia existe, porque por desgracia los sufro todos los días viéndoles destrozar lo que encuentran a su paso (son exactamente igual que los skin heads, pero un poco más oscuros de piel) o cobrando alquiler a los críos por utilizar las canchas deportivas (sí, eso ocurre, no es un tópico, es real). En la Casa de Campo de Madrid se han acotado unas zonas para regeneración, se han vallado y se han puesto carteles indicando por qué tienen el acceso restringido. Pues durante las concentraciones de ecuatorianos que se dan allí los fines de semana éstos arrancan las vallas y ponen sus canchas de infecto voleibol en medio de estas zonas, dejando todo lleno de basura.
    Si el ser humano es así mejor sería largarse a una isla desierta. El regaeton debería estar prohibido. Sincéramente, desde que han venido en masa me han hecho dudar en grado sumo sobre la palabra solidaridad. Odio generalizar con la gente, pero me he dado cuenta de que la cultura condiciona al maldito ser humano mucho más de lo que ni él mismo se da cuenta. Si la española ya es bastante bastarda, sus sucedaneos son de película de terror. Y encima me ha tocado hacer un trabajo sobre “la raza cósmica” de Vasconcelos, puffff.

    Saludos y disculpas por el ladrillo.

  3. He asistido a espectáculos similares al que cuentas.

    Muy interesante la reflexión de joputa. A veces los extremos se encuentran y las personas adoptan exactamente la postura que critican. Vivimos en un mundo complicado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s