Las invasiones bárbaras

No la había visto, pero había oído hablar mucho de ella. Por fin me decidí a verla cuando el deuvedé de la película cayó en mis manos como por puro azar. Pero, hablando en plata, Las invasiones bárbaras, de Denys Arcand, me ha parecido un auténtico coñazo.

Todavía no logro entender el por qué del título, sí es verdad que en la película se habla mucho de las invasiones bárbaras y hay continúas referencias a EE.UU, concretamente y según dice la sinopsis del filme, “al declive del impero americano”. Pero con invasiones bárbaras no sé a qué se refiere.

Sorprendentemente para mí, ha sido bastante reconocida internacionalmente -ganó un Oscar en 2004 a la mejor Película Extranjera- y aunque este tipo de galardones algunas veces no signifiquen mucho, es verdad que yo me dejé arrastrar por este reconocimiento. 

Asimilando el fondo de la película, en Las invasiones bárbaras hay en el guión algunos puntos de humor buenos y este diálogo producido entre el protagonista Rémy (Rémy Girard) enfermo terminal y Natalie (adicta a las drogas que le suministra heroína para aliviar su dolor). Comienza hablando Rémy:

-No te importa mucho la vida.

-No mucho no.

-A mí tp a tu edad. Me daba igual morir cuando fuera. Por eso los jóvenes son los mejores mártires. Al envejecer, uno se aferra más a la vida. Empiezas a restar, me quedan 20 años, 15, 10.. Cuando se sabe que será la última vez. Me compro el último coche, será la última vez que vea Génova, Barcelona.

-No llegaré hasta allí.

-¿Cómo lo sabes?

-Las sobredosis son muy frecuentes.

-No puedes saberlo. Quizá lo dejes y llegues a ser muy vieja. No entendemos el pasado, el futuro menos aún. Nadie sabe lo que le pasará. Excepto yo ahora. Lo sé.

-¿le da miedo?

-Mucho. No quiero dejar esta vida, no sabes cómo me gustó vivir.

-¿Qué le gustaba tanto?

-Todo. El libro, el vino, la música. Las mujeres, sobre todo las mujeres. Su voz, la boca, la suavidad de su piel.

-¿Conoció a muchas?

-Sí, a bastantes.

-A la larga, ¿no acaban pareciéndose?

-Un poco sí, pero nunca me cansaron.

-¿Sigue teniendo éxito?

-No, no. Ya no, con la edad todo cambia.

-¿Sigue bebiendo vino?

-No, por desgracia el hígado no me lo permite.

-Los viajes que quería hacer, ¿los hizo?

-Ahora hay turistas por todas partes.

-No le cuesta dejar su vida de ahora, sino la de antes. Esa vida ya ha muerto.

-Quizá.

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1 comentario en “Las invasiones bárbaras”

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