Del toser e incordiar en el teatro

No ceía que fuera maniática y a lo mejor saco las cosas de quicio pero el sábado tuve día gafapastacultureta y me apetecía ir al teatro. La obra regulera, pero no voy a entrar, el teatro mola aunque sea por ver a los actores desgañitarse. Lo malo fue que, en tu concentración por intentar oír bien (en algunos casos, no se les oía nada) y aguzando el oído oyes como el “ballenato” que está en la fila de atrás, un señor barrigudo al que fulminas con la mirada en varias ocasiones, hace un ruido incómodo, chirriante y constante con la nariz (algo parecido al pitido de la olla exprés). En ese momento piensas que algún día parará, su mujer le tenderá un kleenex para que, sin molestar más al resto, se suene la nariz. Pero no, sigue y no para. Y tú parece ser que eres la única de todo el teatro que lo escucha y no puedes evitar que la concentración se te vaya a la nariz del señor. ¿Nadie más se da cuenta?

Sin ser tan exagerada como el protagonista melómano de La Mesa Limón de Julian Barnes, en “Vigilancia”, me he acordado mucho del prota cuando tuve ganas de decirle al oído al ballenato: “Comprendemos el atasco de sus vías respiratorias señor, pero a los actores (y a mí fundamentalmente) nos resulta muy engorroso el ruido de su nariz”.

“El público era normal. El ochenta por ciento, con permiso de día en los hospitales de la ciudad, cuyos pabellones de pulmón y departamentos de otorrinolaringología tenían prioridad para las entradas. Reserva ahora un asiento mejor si tienes una tos que supera los 95 decibelios. Al menos la gente no pedorrea en los conciertos. Yo nunca he oído a nadie echarse pedos, ¿y ustedes? Lo cual me da la razón en parte: si puedes reprimir un extremo, ¿por qué no el otro? Según mi experiencia, recibes más o menos el mismo número de advertencias. Pero la gente, en conjunto, no expele ventosidades estentóreas con Mozart. De lo cual deduzco que se conservan unos pocos vestigios de la fina costra de civilización que nos impide incurrir en una absoluta barbarie (…)”.

Play: I Want You (Bob Dylan)

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1 comentario en “Del toser e incordiar en el teatro”

  1. Felicidades por tu regreso al blog. Parecías ya desaparecida. Espero que te prodigues en lo sucesivo, los blogs son como animales de compañía, dan calorcito en los días grises.
    Un abrazo.

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